¡Al fin calla!, pero comienza de nuevo desordenando aquello que aparenta ser silencio.
Desaparece y vuelve continuamente rebotando en las paredes y los tambores, y en el closet, y en la ventana, y en las cuerdas templadas que ya detienen su vibrar. Brillar, y desplazar en el aire haciéndose humo opaco, color violeta el de sus manos, gris el de su boca; amarillo en su cola, mas no humo ni aire, solo luz sin resplandor.
Bello resplandor que si acaso existiese, sería único. Atravesaría montañas y las haría ver más grandes, cada una un cuento distinto; las de la derecha bosques de pino, abeto y roble, frías, heladas y más frías, azules y verdes. Las de la izquierda calientes y espesas, enredadas en selvas tropicales y aventuras; ¿de donde viene él? Quizá venga de la derechas, pero la izquierda siempre será mi favorita; no posee limites u orden, nada se parece a nada, solo a todo en general, recordándonos quienes no somos.
Y no solo montañas; llegaría hasta otros planetas como una estrella para reflejarse en las miradas de seres nocturnos e idiotas con insomnio, esos pobres seres que no atrapan el sueño por lentos, los que temen morir sin ver la muerte. Resplandor que viaja solo para presenciar la vida y su ausencia, la risa y la tinta de esfero sobre el papel, el llanto.
Viajando a tal punto que ya no es visto por nadie ni nada, porque es ahí a donde ha llegado, a la nada. La curiosidad no le podría con un regreso, hasta que se pierda; justo cuando no exista algo mas podría encontrar lo único que para él realmente existe, pero siempre ha ignorado; su ser que no necesitaba resplandecer de tal manera para existir. Solo tenía que callar, pero por fortuna ya lo hizo.
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