miércoles, 3 de agosto de 2011

Escritos sobre la perfección


1.
Como línea delicada que resplandece entre los contrastes que genera su sombra, se  une a si misma para ser ya, otra cosa. Ahora es perfecta, no tiene inicio ni fin. No tiene nacionalidad y menos color; no grita “gol” apoyando a mi país, tampoco al tuyo; grita gol cuando ve el tenis  en la tele.
2.
Anduve un tiempo sin alas con el fin de aprender a caminar, y vaya martirio fue caminar.
Caminé hasta que mis tentáculos sangraron y dejé de verme bella. Sin motivo alguno se me ocurrió una buena idea; corte mis alas para construir dos extremidades con mayor utilidad  para caminar y las llame piernas.
Eran realmente prácticas, bajaban de mi cintura verticalmente, paralela la una a la otra; las movía en secuencia para desplazarme, primero la izquierda y luego la derecha. Con ellas me veía incluso más bonita; pero ya no tenía alas,  nadie bajaba hasta la tierra para apreciar mi belleza y entró en mí una fuerte depresión, así que  tome mis tentáculos y con ellos construí cuatro alas como las de una libélula. Descubrí  que con mi ultimo cambio no solo podía volar mejor que antes, sino que me veía mucho mas bella; ya no me parecía a los demás, al volver a verlos noté que eran feos con tentáculos y alas de gallina.
3.
Nací hace poco, menos de un mes, mas de un año; que sé yo.
La vida me educó con su sistema conservador, antisemita y poco estructurado. Me formó como si todos fuéramos el mismo palo de mangos,  a pesar de que yo siempre fui un abeto, bueno no siempre, en mi juventud también llegué a ser un pino. Pasé mucho tiempo concentrándome en la respiración, canalizando la luz e ignorando a las ardillas de mi cabeza, y a los gusanos u hormigas que habitaban en mis entrañas.
Aprendí tres cosas sobre la vida; primero que era una competencia en la que debía ganar o perecer, y con base en esto hice mis raíces mas fuertes y mis hojas más densas para que bajo mi sombra no creciera ninguna otra planta. Luego conocí a un mapache que me enseñó que la vida también era trabajo en equipo, para competir mejor; yo lo protegía del frío y el a mi de los carpinteros, hasta que murió y me di cuenta de que todo tenía un fin.
Lo que nunca esperé fue terminar siendo hoja de papel.

No hay comentarios: