Caminabas por las calles de un mundo destruido.
¡Si, tú!, todos te vieron pero pocos se acercaron. Las puertas todas cerradas, imposibles de abrir; los demás tirados en el piso suplicándote.
-¡Sálvanos!- decían desesperadamente los de abajo, -¡Es tu culpa!-gritaban iracundo los de los techos.
En tu rostro se vio el miedo. Las ventanas, casi todas, rotas y sus almas en los muros regadas por todos lados, imposible de contarlas. Ya se hacía de noche, y ya sé, se hacía de de noche, sin embargo no escuchaste a ninguno de ellos. No sé el por qué; tal vez no entendías nada, ¿Quién pudo haberte explicado, si no había uno que no se comportara con un animal?
Viste las calles empapadas de sangre, cadáveres, enfermedades, dolor, pobreza, e ignorancia; igual como todos te ve a ti, o al menos como te vieron aquella vez. Luego paraste y diste al mundo una cara de desconcierto, como si todo lo que es importante en este mundo pasara ante tus ojos. Aquella vez te descubrieron mirándote a un espejo con muy poco ánimo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario